
Los sucesos violentos, acontecidos el 1 de noviembre de 2025, en las inmediaciones del mercado Germán Moreno del municipio de Montero, dejó un alarmante saldo de un hombre asesinado, una mujer acuchillada y el agresor se auto infligió graves heridas tratando de suicidarse, hechos que además han afectado económica y psicológicamente a sus entornos familiares e indirectamente también afectan al conjunto de la sociedad.
Más allá de la narración de los hechos violentos y el morbo con la que se difundido por las redes sociales estos hechos lamentables, ya sea con buena intención, candidez o preocupados por tanta violencia, es importante reflexionar sobre qué está pasando en nuestra sociedad, además este hecho no es aislado, la violencia se está convirtiendo en un espiral que amenaza con devorarnos y normalizarse en nuestro municipio.
Debemos tener en cuenta que el “El feminicidio, es la agresión violenta y asesinato de mujeres por razones de género, se ha constituido en una de las formas más extremas de la violencia machista, además es importante resaltar que no es un hecho aislado ni producto de la casualidad; esto nos expresa que son los síntomas de una sociedad profundamente enferma, donde persisten la desigualdad, la discriminación y la desvalorización de la vida de las mujeres”.
Como se señala en algunos textos sobre violencia de género, este hecho de violencia contra las mujeres pone en evidencia las fallas estructurales de los sistemas sociales, políticos y culturales que, en lugar de proteger a las mujeres, reproducen patrones de dominación y silencio.
También es la expresión de La normalización de la violencia contra la mujer en el hogar, el colegio, el trabajo o las diversas organizaciones públicas o privadas, el trato de estas noticias en los diversos medios de comunicación y las redes sociales que sexualizan y cosifican a las mujeres; pone en evidencia a las instituciones que no actúan con justicia, a la educación que sigue perpetuando los estereotipos de género, mostrándonos que son síntomas claros de una enfermedad social.
El feminicidio no solo mata cuerpos, también destruye familias y comunidades, perpetuando el miedo y la impunidad. Cada caso impune envía un mensaje peligroso: “que la vida de una mujer vale menos”. Por ello, combatir el feminicidio no puede reducirse a sancionar a los culpables; requiere transformar las raíces culturales del patriarcado, promover la igualdad desde la infancia, garantizar acceso real a la justicia y construir una sociedad donde la dignidad y la vida de las mujeres sean inviolables.
Es contradictorio e hipócrita, hablar de progreso, democracia y desarrollo, cuando existen una espiral de violencia contra los sectores más pobres y vulnerables, teniendo como sus víctimas a mujeres, niños y adolescentes, por eso los hechos de violencia por odio racial, homofóbico y el feminicidio son una vergüenza y debe llamarnos a evaluar a donde vamos como sociedad y en qué clase de civilización y democracia van a heredar nuestros hijos
Es urgente trasparentar nuestra realidad, ser profundamente autocríticos y evitar esconder la basura bajo la alfombra, si bien esta es una responsabilidad de todos, son las autoridades y las instituciones quienes tienen la principal e ineludible responsabilidad de ponerse a la cabeza de esta tarea, para lo cual sería importante:
- Fortalecer la promoción de una educación que fomente el respeto, la empatía y la igualdad desde la infancia es fundamental. Las escuelas deben incluir contenidos sobre derechos humanos, resolución pacífica de conflictos y eliminación de estereotipos de género. Educar a las nuevas generaciones en valores de equidad es la base para prevenir futuros hechos de violencias.
- No basta que existan leyes contra la violencia, es importantísimo limpiar la corruptela dentro de los admiradores de justicia para que los sistemas judiciales actúen con rapidez, sensibilidad y justicia, evitando la impunidad. Además, se requiere capacitar a policías, fiscales y jueces en perspectiva de género para garantizar una atención adecuada a las víctimas. Así como identificar a los letrados que defienden a los violadores que tienen más poder que las DEMUNAS por la corrupción que existe en el sistema judicial
- El Estado en sus diversos niveles, tanto nacional, departamental y municipal debe coordinar establecer refugios, líneas de emergencia y servicios psicológicos, médicos y legales gratuitos, con la finalidad que las mujeres víctimas de violencia puedan acudir a las autoridades sin miedo y cuenten con acompañamiento integral antes, durante y después de presentar sus denuncias.
- La solidaridad entre vecinos, colegas y de genero debe promoverse, fomentarse y fortalecerse, superar el individualismo y las competencias absurdas entre hermanos para dar paso a construir una cultura de respeto, solidaria y de fraternidad que erradiquemos el machismo, el racismo y el patriarcado.
- Desterrar las acciones y conceptos que justifican o minimizan los hechos de violencia y racismo, así como la difusión de estos hechos de manera sensacionalista ya que solo promueve el morbo y está en contra de una sociedad con empatía y justicia
- Implementar políticas publica orientadas a promover la independencia económica de las mujeres, fortaleciendo su participación activa en espacios de decisión para superar su dependencia y vulnerabilidad.
Escrito por: Julio Martell